El vino más caro es más rico: ¿mito o realidad?

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El vino más caro es más rico: ¿mito o realidad?

En líneas generales, hay una relación directamente proporcional entre la calidad de un vino y su precio, como sucede con cualquier producto. El tipo de materia prima, la complejidad que requiera su proceso de elaboración y su singularidad o exclusividad son algunos de los factores que elevan el precio.

Ahora bien, ¿cómo se percibe la calidad en el paladar?

¿cuántos consumidores no especializados pueden catar a ciegas y decidir qué les gusta sin el prejuicio -a veces snob- que le genera saber que pertenece a determinada bodega o que tiene determinado precio?

Un estudio de la Universidad de Basilea (Suiza) hizo foco en este punto. Y corroboró que el precio del vino influye en la percepción del sabor de los consumidores.

Esto se debe a un simple mix entre marketing y psicología:

Después de pagar, por ejemplo, más de 2.000 pesos por una botella de vino ¿estaríamos dispuestos a decir que no está bueno?

El estudio, realizado por un equipo de psicólogos, se publicó en la revista de investigación Food Quality and Preference. Y ha demostrado que, a la hora de realizar una cata de vinos, la experiencia de la degustación está influenciada por muchos más factores. Además del gusto y el olfato: el buen sabor de un vino podría estar más relacionado de lo que creíamos con el precio que se cree que este tiene.

Para efectos del estudio, se hizo una cata con 140 personas. Los participantes tenían que poner una nota a tres vinos de distintos precios (barato, medio y caro), valorando el sabor, su intensidad, aroma y cuánto les gustaban. Esto lo hicieron en tres situaciones diferentes: viendo en la botella el precio real, viendo un precio falso y sin precio.

Según los autores, se trataría de la primera investigación que estudia los precios del vino mediante un experimento de campo enmarcado. El encuentro en la Universidad de Basilea en Suiza empezó como cualquier otro. Apenas los participantes empezaron a llegar, se los ubicó en mesas individuales y se les solicitó que no hablaran con sus vecinos. Para que sus opiniones sobre los vinos a probar no tuvieran influencias entre sí.

En la prueba, los vinos más caros se calificaron como de sabor más intenso. Sin embargo, si bien las calificaciones de agrado no difirieron para los vinos con precio real o los que no indicaban precio, el falso incremento de precios para vinos baratos influyó significativamente en las calificaciones de agrado. Mientras que en el caso opuesto, es decir, precios falsos rebajados para vinos premium no tuvo ningún efecto sobre las calificaciones de agrado.

Según los investigadores, sus resultados coincidieron con estudios previos similares en los que, al igual que en el actual, se vio que los niveles de agrado manifestados con respecto a un vino estaban más relacionados de lo que creíamos con su precio.

Por otra parte, otros estudios indican que la apreciación de su intensidad se mantuvo estable y por lo general no cambió –incluso cuando se intentó influir en ella a través de los precios–. Para poder unificar estas visiones, los autores midieron ambas variables. Aquí también sus resultados coincidieron, lo que mostró que la apreciación subjetiva del sabor de un vino depende no sólo de sus cualidades intrínsecas, sino también de información o estímulos externos, como el precio que se dice que este tiene.

Con información de La Vanguardia.

Fuente: clarin.com

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